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La externalizacion del problema: la tecnica narrativa que cambia la relacion con lo que te duele

La externalizacion del problema: la tecnica narrativa que cambia la relacion con lo que te duele

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¿Alguna vez has dicho —o escuchado decir— “es que yo soy muy ansioso” o “mi hijo es un niño problema”? Esas frases, aunque las decimos sin mala intención, cargan algo muy pesado: la idea de que la persona es el problema. Y cuando creemos eso, se vuelve muy difícil cambiar algo, porque ¿cómo cambias lo que eres?

Desde la terapia narrativa, trabajamos con una idea diferente y, en mi experiencia, profundamente liberadora: tú no eres el problema. El problema es el problema. Y una de las técnicas más poderosas para vivir eso —no solo entenderlo intelectualmente— se llama externalización del problema.

En este artículo te quiero contar qué significa, cómo se trabaja en terapia y por qué puede cambiar la relación que tienes con lo que más te duele.


¿Qué significa externalizar un problema?

Externalizar, en el contexto de las técnicas de terapia narrativa, significa darle al problema una existencia separada de la persona. En lugar de decir “soy depresivo”, empezamos a hablar de “la depresión que a veces se mete en tu vida”. En lugar de “mi hija es berrinchuda”, exploramos “el berrinche que últimamente visita mucho a tu hija”.

Este cambio de lenguaje no es un juego de palabras. Es un cambio de perspectiva que tiene consecuencias reales en cómo nos sentimos y en lo que creemos que podemos hacer.

Cuando el problema está dentro de ti, sientes que eres tú quien está roto o dañado. Pero cuando el problema está afuera —como algo separado, con nombre propio, con características— de repente tienes una relación con él. Y las relaciones se pueden transformar.

La externalización del problema fue desarrollada por los terapeutas Michael White y David Epston, fundadores de la terapia narrativa, y hoy es una de las herramientas más utilizadas en trabajo con adultos, niñas, niños y familias.


Un ejemplo práctico: cuando la ansiedad deja de ser tuya

Déjame contarte algo que vivo frecuentemente en consulta. Llega una persona —digamos, Mariana, 34 años— y me dice: “Es que yo soy muy ansiosa. Siempre he sido así. Es mi personalidad.”

Mariana carga esa identidad como si fuera una mochila cosida a la espalda. No puede quitársela porque cree que es parte de ella.

En terapia, empezamos a hacer algo diferente. Le pregunto: “¿Cómo le pondrías nombre a eso que sientes? Si la ansiedad fuera un personaje, ¿cómo sería?”

A veces la gente se ríe al principio. Pero después algo cambia. Mariana dice: “Sería como una voz muy mandona que me dice que todo va a salir mal.” Le ponemos nombre —ella eligió llamarla “La Catastrófica”— y de repente Mariana puede hablar de ella como algo separado.

Entonces ya no es “soy ansiosa”. Es: “La Catastrófica apareció el domingo en la noche y no me dejó dormir.”

¿Notas la diferencia? Ahora Mariana puede preguntarse: ¿Cuándo aparece? ¿Qué la alimenta? ¿Cuándo he logrado que no me controle tanto? Esas preguntas no eran posibles cuando la ansiedad era ella.


¿Cómo se trabaja la externalización en terapia?

La externalización del problema no es simplemente ponerle nombre a algo y ya. Es un proceso que se va construyendo en las sesiones, con cuidado y curiosidad. Algunos pasos que trabajamos juntas o juntos son:

  • Nombrar el problema: ¿Cómo le llamamos a esto que te está afectando? Puede ser un nombre literal (“la tristeza”, “el enojo”) o uno más creativo que la persona invente.
  • Explorar sus efectos: ¿Qué hace este problema en tu vida? ¿Cómo te afecta en el trabajo, en tus relaciones, en cómo te ves a ti misma o a ti mismo?
  • Buscar la historia del problema: ¿Desde cuándo está? ¿Qué condiciones lo hacen crecer? ¿Qué lo debilita?
  • Encontrar los momentos de excepción: ¿Ha habido momentos en que el problema estuvo ahí pero no ganó? ¿Qué hiciste diferente? Estos momentos son oro en terapia narrativa, porque revelan recursos que ya tienes.
  • Redefinir la identidad: Si el problema no eres tú, ¿entonces quién eres? Esta parte del trabajo es profunda y hermosa.

Con niñas y niños, este proceso se hace a través de la terapia de juego. Podemos dibujar al “monstruo del miedo”, hacerle una casita para que viva lejos, o escribirle una carta. Los niños son increíblemente creativos con esto y responden de manera sorprendente.


¿Para qué tipo de problemas funciona?

La externalización es una de las técnicas de terapia narrativa más versátiles. La trabajo con mucha frecuencia en casos de:

  • Ansiedad y miedos (en adultos, adolescentes y niñas/niños)
  • Duelo: separar “la pérdida” de la identidad de quien la vive
  • Baja autoestima: cuando “soy un fracaso” se convierte en “el fracaso me ha visitado mucho últimamente”
  • Problemas de conducta en niñas y niños: en lugar de etiquetar al niño, trabajamos con lo que lo está afectando
  • Conflictos de pareja: externalizar “las peleas” o “la desconexión” como algo que le pasa a la relación, no como algo que uno de los dos es
  • Crianza: cuando los papás y mamás se sienten “malos padres”, explorar qué narrativa los tiene atrapados

No es una técnica mágica ni funciona igual para todos, pero en mi práctica he visto cómo abre puertas que parecían cerradas.


Externalizar no es minimizar: una distinción importante

Quiero ser clara en algo, porque a veces surge esta duda: externalizar el problema no significa ignorarlo, quitarle importancia o decir que no es real.

Todo lo contrario.

Cuando externalizamos, tomamos el problema muy en serio. Le ponemos nombre, lo estudiamos, lo entendemos. Lo que hacemos es dejar de confundirlo con la identidad de la persona. La ansiedad de Mariana es real y la afecta profundamente —pero Mariana no es la ansiedad.

Esta distinción es especialmente importante cuando trabajamos con papás y mamás que vienen preocupados por sus hijas o hijos. Decirle a un niño “eres un mentiroso” tiene efectos muy diferentes a explorar juntos “¿qué pasa cuando la mentira aparece? ¿qué está tratando de protegerte?”. En el segundo caso, el niño no se siente atacado y puede participar en el cambio.

Externalizar es un acto de respeto hacia la persona. Le dice: tú vales más que este problema. Tú eres más que esto.


Una última reflexión

Muchas veces llegamos a terapia convencidas o convencidos de que algo en nosotros está fundamentalmente roto. Que somos demasiado sensibles, demasiado intensos, demasiado difíciles. Que así somos y así seremos.

La terapia narrativa —y la externalización del problema en particular— me recuerda, sesión a sesión, que las personas somos mucho más que los problemas que vivimos. Que tenemos recursos, historias de valentía, momentos en que hemos podido con cosas difíciles. Y que cuando dejamos de pelear contra nosotros mismos, se abre espacio para algo nuevo.

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