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Terapia de juego: como las ninas y ninos expresan lo que no pueden decir con palabras

Terapia de juego: como las ninas y ninos expresan lo que no pueden decir con palabras

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¿Alguna vez has notado que tu hija o hijo no puede contarte qué le pasa, pero sí te lo muestra cuando juega? Quizás construye torres para derribarlas una y otra vez, o sus muñecos siempre están peleando, o de repente ya no quiere jugar a nada. El juego no es “solo diversión”: es el idioma más honesto que tienen las niñas y los niños para decirnos cómo se sienten por dentro.

Como terapeuta, una de las cosas que más me conmueven de mi trabajo es ver cómo un niño que lleva semanas sin hablar sobre algo difícil, en diez minutos de juego libre me lo cuenta todo —sin decir una sola palabra.


El juego es el lenguaje natural de la infancia

Pensemos en cómo aprendemos los adultos a procesar lo que nos pasa: hablamos con alguien de confianza, escribimos en un diario, tal vez vamos a terapia y ponemos en palabras nuestras emociones. Pero las niñas y los niños todavía no tienen ese acceso al lenguaje verbal de la misma manera que nosotros.

Su cerebro está en pleno desarrollo. Las áreas que nos permiten identificar, nombrar y explicar emociones —como la corteza prefrontal— no maduran del todo hasta bien entrada la adultez. Entonces, ¿cómo procesa un niño de seis años el divorcio de sus papás, o la muerte de su abuelita, o el miedo que siente en la escuela? Lo procesa jugando.

A través del juego, las niñas y los niños:

  • Ensayan situaciones que les generan miedo o confusión
  • Expresan emociones que no saben nombrar
  • Toman el control de experiencias donde se sintieron impotentes
  • Construyen narrativas sobre lo que les pasó, a su propio ritmo

El juego no es escapismo: es trabajo emocional real.


¿Qué es la terapia de juego y cómo funciona?

La terapia de juego es una modalidad terapéutica diseñada específicamente para niñas y niños, generalmente entre 3 y 12 años. En lugar de pedirles que se sienten y “hablen de sus problemas” —algo que para ellos puede ser confuso o incluso intimidante—, el espacio terapéutico se convierte en un lugar donde el juego es la herramienta principal.

Desde mi enfoque narrativo, parto de una idea central: la niña o el niño no es el problema, el problema es el problema. Esto significa que no veo a quien llega a mi consultorio como “el niño agresivo” o “la niña ansiosa”. Veo a una persona pequeña que está cargando algo muy pesado y que necesita un espacio seguro para soltarlo.

En la terapia de juego, el consultorio está equipado con materiales cuidadosamente seleccionados: arena, figuras de personas y animales, títeres, materiales de arte, juegos de roles. Cada elemento tiene un propósito. Cuando una niña elige a un dragón para representarse a sí misma, o cuando un niño construye una casa con una habitación separada del resto, eso nos dice algo importante.

Como terapeuta, mi trabajo no es interrumpir ni interpretar en voz alta todo lo que veo. Es crear un espacio de confianza donde la niña o el niño pueda explorar, y acompañarlos con preguntas suaves, reflejos y presencia genuina.


Señales de que tu hija o hijo podría beneficiarse de la terapia de juego

No hay que esperar a que algo esté “muy mal” para buscar apoyo. De hecho, entre más pronto se atiende algo, más fácil es el proceso. Aquí algunas señales que vale la pena tomar en cuenta:

  • Cambios de comportamiento que duran más de dos semanas: se volvió más agresivo, más retraído, más llorón sin razón aparente
  • Regresiones en el desarrollo: volver a mojar la cama, hablar como bebé, pedir chupón cuando ya lo había dejado
  • Pesadillas frecuentes o miedo intenso a dormir solo
  • Dificultades en la escuela que antes no existían: problemas de concentración, conflictos con compañeros
  • Ha vivido algo difícil: separación de los papás, pérdida de un ser querido, cambio de escuela o ciudad, algún tipo de violencia o accidente
  • No puede o no quiere hablar de algo que claramente le afecta
  • Síntomas físicos sin causa médica: dolores de cabeza, de panza, náuseas frecuentes

Si reconoces dos o más de estas señales en tu hija o hijo, puede ser un buen momento para buscar orientación profesional. No tienes que tener certeza absoluta para dar ese paso.


¿Qué pasa en una sesión típica de terapia de juego?

Cada sesión es diferente porque cada niña y cada niño es diferente. Pero te puedo dar una idea general de cómo suele verse una sesión en mi consultorio.

Al llegar, el espacio ya está listo: los materiales disponibles, el ambiente tranquilo. Le doy la bienvenida a la niña o al niño y le explico, con palabras sencillas, que este es un lugar donde puede jugar, crear y expresarse libremente, y que lo que pase aquí es confidencial (con excepciones importantes, como situaciones de riesgo).

Durante la sesión, yo observo, acompaño y, cuando es el momento adecuado, intervengo con preguntas abiertas o reflexiones. Por ejemplo: “Veo que el personaje pequeño siempre se esconde cuando llega el grande. ¿Qué crees que siente?”

Al final de la sesión, tengo un breve espacio con los papás o mamás —sin la niña o el niño— para compartir observaciones generales y orientarlos sobre cómo pueden acompañar el proceso en casa.

Las sesiones suelen ser semanales y su duración varía según las necesidades de cada caso. Algunos procesos duran dos o tres meses; otros, más tiempo.


El papel de los papás y mamás en el proceso

Algo que quiero que sepas si estás considerando terapia de juego para niños: el trabajo no termina cuando tu hija o hijo sale del consultorio. El hogar es donde más se consolida lo que se trabaja en sesión.

No se trata de que hagas terapia en casa —para eso estoy yo. Pero sí hay cosas muy valiosas que puedes hacer:

  • Validar las emociones sin minimizarlas: en lugar de “no es para tanto”, prueba con “entiendo que eso te dolió mucho”
  • Crear rutinas predecibles: la estructura le da seguridad a las niñas y los niños
  • Jugar con ellos sin agenda: 15 minutos al día de juego libre donde ellos elijan qué hacer puede ser transformador
  • Evitar preguntarles qué hicieron en terapia: confía en el proceso y deja que compartan lo que quieran de forma espontánea
  • Cuidarte tú también: un papá o una mamá que está bien emocionalmente es el mejor apoyo para su hija o hijo

En muchos casos, sugiero sesiones paralelas con los papás o con toda la familia, porque el bienestar de las niñas y los niños está profundamente conectado con el sistema familiar en el que viven.


Una última palabra

Si llegaste hasta aquí, probablemente hay algo en tu corazón que te dice que tu hija o hijo necesita un poco de ayuda extra. Ese instinto vale muchísimo. No tienes que tener todas las respuestas para dar el primer paso.

La terapia de juego no es señal de que algo “está muy mal” ni de que fallaste como mamá o papá. Es una herramienta hermosa que le da a tu niña o niño un espacio propio, seguro y libre, donde puede ser exactamente quien es —y desde ahí, sanar.

Si quieres platicar sobre cómo puedo acompañar a tu familia, con mucho gusto te atiendo. Puedes escribirme por WhatsApp para agendar una primera sesión sin compromiso. Estaré feliz de escucharte.

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